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No su voluntad, sino la voluntad de Dios

Por: Radio Jovenes Para Cristo | Publicado: 17/09/2010 15:04 |
2 Corintios 10

 1 Ahora yo, Pablo, os exhorto por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que en persona soy humilde entre vosotros, pero ausente soy osado para con vosotros!

 2 Os ruego que cuando esté presente, no tenga que usar de la osada con que resueltamente estoy dispuesto a proceder contra algunos que piensan que andamos segn la carne.

 3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos segn la carne;

 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destruccin de fortalezas.

 5 Echando fuera todas nuestras propias decisiones, y toda barrera que se levanta contra la sabidura de Dios; llevamos cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo,1 [no su voluntad, sino la voluntad de Dios, como el Espritu le ordena, la palabra de Dios en su corazn.]

 6 y estamos dispuestos a castigar toda desobediencia, una vez que vuestra obediencia sea completa. [cuando usted ha llegado a la unidad con el Espritu, lo cual es a la medida de la estatura de plenitud de Cristo.]

 7 Miris las cosas segn las apariencias! Si alguien est convencido dentro de s que es de Cristo, considere de nuevo que as como él es de Cristo, también nosotros lo somos.

 8 Porque si me gloro un poco ms de nuestra autoridad, la cual el Seor nos ha dado para edificacin y no para vuestra destruccin, no seré avergonzado;

 9 para que no parezca que quiero atemorizaros por cartas.

 10 Porque dicen: "Aunque sus cartas son duras y fuertes, su presencia fsica es débil, y su palabra despreciable."

 11 Esto tenga en cuenta tal persona: Lo que somos en palabra por carta cuando estamos ausentes, lo mismo seremos también en hechos cuando estemos presentes.

 12 Porque no osamos clasificarnos o compararnos con algunos que se recomiendan a s mismos. Pero ellos, midiéndose y comparndose a s mismos consigo mismos, no son juiciosos.

 13 Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la medida de la regla que Dios nos asign, para llegar también hasta vosotros.

 14 Porque no nos salimos de nuestros lmites, como si no hubiéramos llegado a vosotros; pues hasta vosotros hemos llegado con el evangelio de Cristo,

 15 no glorindonos desmedidamente en trabajos ajenos. Ms bien, tenemos la esperanza de que, con el progreso de vuestra fe, se incrementar considerablemente nuestro campo entre vosotros, conforme a nuestra norma;

 16 para que anunciemos el evangelio en los lugares ms all de vosotros, sin entrar en territorio ajeno como para gloriarnos de la obra ya realizada por otros.

 17 Pero el que se glora, glorese en el Seor.

 18 Porque no es aprobado el que se recomienda a s mismo, sino aquel a quien Dios recomienda.

 

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1 llevamos cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo. De modo que tenemos la mente de Cristo (el Mesas) y tenemos los pensamientos (sentimientos y propsitos) de su corazn, 1 Cor 2:16. Usted debe, con respecto a su antigua manera de vivir, despojarse del viejo hombre que est viciado por los deseos engaosos; pero renovarse en el espritu de su mente, y vestirse del nuevo hombre que ha sido creado a semejanza de Dios en justicia y santidad de verdad. Efe 4:22-24. Esto no significa que continuamos pensando con un nuevo grupo de reglas que aprendemos de la Biblia. No; la mente carnal, que es enemistad contra Dios, debe ser destruda para que ya no pensemos por nosotros mismos. En cambio, como una nueva criatura, confiamos en la inspiracin que recibimos de Dios, as como Cristo lo hizo cuando él camin sobre la tierra; como él dijo:

Yo no puedo hacer nada de m mismo. Como oigo, juzgo; Juan 5:30
As que, lo que yo hablo, lo hablo tal y como el Padre me ha hablado. Juan 12:49-50
. Y el Hijo no puede hacer nada de s mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Juan 5:19.

De modo que an Cristo no hizo sus propias decisiones. Note que Jess dijo que él slo haca la voluntad del Padre, no la suya. En Mat. 7:21, Jess dijo: No todo el que me dice 'Seor, Seor' entrar en el reino de los cielos, sino [slo] el que hace la voluntad de mi Padre que est en los cielos. De modo que aqu Jess nos dice lo que necesitamos para ir al cielo hacer nada por nosotros mismos slo decir lo que omos que el Padre nos indica que digamos slo hacer lo que el Padre nos muestra que hagamos slo juzgar como el Padre nos dice que juzguemos. De modo que no debemos pensar por nosotros mismos se nos dice que sigamos la inspiracin del Padre. Debemos permitir que nuestra mente carnal sea destruda al punto que hablemos y actuemos de acuero a la inspiracin del Espritu de Dios; este es el fin de la obediencia pensar, hablar, y actuar de acuerdo a la inspiracin de Dios. La mente es destruda por el Espritu, a medida que él hace morir el pecado en sus cuerpos; y finalmente cuando el Dios de Paz venga a aplastar la cabeza de Satans bajo sus pies. Rom 16:20. Su mente es renovada en la mente de Cristo.

 

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